
Hay comidas de las que uno sale con la sensación de haber estado en el sitio justo. La del martes 27 de octubre fue una de ellas.
Una mesa larga
Nos sentamos veintiséis alrededor de una sola mesa larga, en uno de los salones del Real Liceo Casino de Alicante. Rafael Jorro abrió la sesión con la invocación rotaria. Con varios socios venían familiares y amigos, y nos acompañaba además una visita que no es de todos los martes: Conchi Martínez, asistente del gobernador del distrito, que antes de comer había estado reunida con la junta directiva.

Esos primeros minutos, de pie, con la gente buscando su sitio y saludándose, son casi siempre los mejores de la reunión. Esta vez además había ganas: todo el mundo sabía quién venía a los postres.

El que salió a buscar el dinero
Retirados los cafés, la presidenta, Andrea Corbalán, presentó al ponente.
Enrique de Madaria es subdirector científico de ISABIAL, el Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante, y coordina la Unidad Biliopancreática del Hospital General Universitario Doctor Balmis. Es profesor asociado en la Universidad Miguel Hernández, preside la Fundación Española de Gastroenterología y fundó la Asociación Española de Pancreatología. En 2024 recibió el Premio de Investigación de la United European Gastroenterology.
Pero hay algo suyo que impresiona todavía más. Fundó la Carrera de las Ciudades contra el Cáncer de Páncreas, que lleva recaudado más de un millón de euros para becas de investigación. Es decir, que no se limitó a investigar: salió a buscar el dinero para que otros pudieran hacerlo.

De Elche a Harvard
Lo contó en la sobremesa, y a continuación dijo otra cosa a la que no dio ninguna importancia y que es, probablemente, la que mejor lo retrata. Habla de sus profesores de la Universidad Miguel Hernández con un cariño que no es de cortesía. Y resulta que algunos de esos mismos profesores le están dando clase ahora a uno de sus hijos.
El cáncer más difícil
Enrique empezó pidiendo que no nos recreáramos en la parte oscura, que lo viéramos desde el lado positivo. Pero los datos los contó sin rodeos, porque son los que son.
El cáncer de páncreas es, dijo, el tumor más agresivo que existe en el ser humano. Da pocos síntomas y casi siempre se diagnostica tarde: solo uno de cada cinco casos llega a tiempo de poder operarse. Tampoco hay manera de buscarlo a tiempo en la población general, como se hace con el de colon, porque no existe ningún análisis de sangre que lo detecte y hacer pruebas de imagen a todo el mundo no es viable.
Y cuando se puede operar, la cirugía es durísima. La intervención de Whipple tiene un cuarenta por ciento de complicaciones. No un cinco, ni un diez: un cuarenta. Y cada complicación retrasa la quimioterapia que viene después, y hace que todo vaya peor.
En el Doctor Balmis está la única unidad biliopancreática de la provincia, y allí acaban operándose pacientes que vienen de todas partes. Entre sesenta y ochenta al año.

Prehabilitación
De ahí nació la idea, en una conversación entre él y José Manuel Ramia, el jefe de cirugía del hospital. Si el paciente llega al quirófano más fuerte, tendrá menos complicaciones. Entonces, entrenémoslo antes de operarlo.
Eso tiene nombre: prehabilitación. Y tiene un hueco de tiempo donde encajar, porque entre el diagnóstico y la operación pasan de todas formas tres o cuatro semanas. En lugar de dejar al paciente esperando en el sofá, se le propone un programa intensivo de esas tres o cuatro semanas, con tres patas: entrenamiento físico, apoyo nutricional y apoyo psicológico.
El proyecto se llama PREPAR. Lo llevan entre varios: cirujanos, digestivos, un preparador físico especializado en ejercicio oncológico, un nutricionista y un psicólogo, con un equipo de investigación detrás para medir si de verdad funciona. Porque eso lo repitió varias veces: son científicos, y no les vale con la intuición. Quieren cuantificar cuánto mejora la capacidad respiratoria, cuánta masa muscular se conserva y, sobre todo, cuántas complicaciones se evitan. Está pendiente de la última respuesta del comité ético y se hará fuera del hospital, en un centro preparado para ello.

«La moral es la batalla»
Y entonces la charla cambió de registro.
Contó lo que ocurre hoy en su consulta. Que le dice a una persona que tiene un cáncer de páncreas, con toda la empatía de la que es capaz, y que después se va, y deja a ese paciente solo con su familia. Veintiséis años de profesión y sigue pasándolo mal, dijo. Esa soledad del paciente es lo que le ronda desde hace años.
Con PREPAR, esa misma conversación termina de otra manera: tienes un cáncer complejo, la cirugía es compleja, y te vamos a dar un entrenamiento, un apoyo psicológico y un apoyo nutricional para que llegues lo más fuerte posible.
«Con que consigamos que el paciente vaya a esa batalla con moral, porque la moral es la batalla.»
Y añadió algo que se quedó flotando sobre la mesa: a quien das por perdido no le ofreces nada de esto. Ofrecérselo ya es decirle que crees que va a salir.
Las preguntas
Hubo un buen rato de preguntas, y fueron buenas. Cuánto tiempo pasa entre el diagnóstico y la operación, y si ese margen da para entrenar a alguien. Si se podría hacer algo parecido de forma preventiva con quien tiene predisposición genética, a lo que respondió que no está demostrado que prevenga y que los recursos son los que son. Si esto se está haciendo en otros sitios: en Madrid, y hay un proyecto europeo de prehabilitación en cáncer, aunque no le consta que nadie junte las tres patas a la vez.
Y salió el asunto del fármaco. A mediados de octubre, la Agencia Europea del Medicamento ha dado luz verde a un tratamiento oral que dobla la supervivencia en pacientes con cáncer de páncreas metastásico. Queda la parte lenta, que es que cada país lo financie, y el precio de partida es hoy inasumible para cualquier bolsillo. Pero es la primera vez en décadas que se consigue actuar sobre el mecanismo de fondo del tumor. «Estamos en tiempos increíbles para la oncología», dijo.

Un proyecto para Alicante
Este año el club quiere que sus proyectos sean para los alicantinos, y por eso está en este. No se trata de financiar investigación, que es lenta y cuesta verla, sino de que los enfermos de cáncer de páncreas que se atienden aquí tengan más oportunidades. Son nuestros vecinos.
Enrique nos invitó a ir a ver entrenar a los pacientes, y propuso algo más: que una vez al año nos juntemos con las personas que hayan pasado por el programa. Lo dijo y se paró un segundo. «Me voy a emocionar», avisó. Nadie en la mesa lo dudó.
El cierre
Esta vez, en lugar del banderín de costumbre, el club le entregó un kit de End Polio Now, la campaña con la que Rotary lleva cuatro décadas detrás de la erradicación de la polio.

Antes de levantar la sesión habló Conchi Martínez, la asistente del gobernador del distrito. Dijo que el club está haciendo cosas interesantes, que este proyecto es exactamente de lo que va Rotary, y anunció la comida de Navidad de todos los clubes de la zona: será aquí mismo, en Teselas, el 19 de diciembre, y está abierta a parejas y familia, porque la amistad es una de las cosas más importantes que tenemos. Y adelantó que el gobernador vendrá pronto a visitarnos.

De todo lo que se dijo aquella tarde, la frase que mejor resume el proyecto de Enrique vino sola. Se estaba hablando de lo que supone para un paciente ver que alguien invierte en prepararlo antes de entrar al quirófano, y se dijo en voz alta:
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Sobre el autor
Juan Carlos Brotons
Macero, Rotary Club Alicante Lucentum Puerto, mandato 2026–27

